5.VERSUS


El mejor libro es la conciencia. Víctor Hugo


Conciencia.
¿Cuándo utilizamos la conciencia?

Es un espejismo?

Una voz?

¿Es una figura tridimensional del propio yo? ¿Es ante todo palabrería barata? Me gustaría definirla. Me gustaría encontrarla; me encantaría poder abrir el hueco de esa buhardilla, y penetrar en el secreto de mi propio cerebro….Donde poder encontrármela frente a frente…


“Sentémonos”-le dije- “tengo asuntos que preguntarte desde que he nacido…..”
A la mayor brevedad salvo que precitadamente, me insinuaras fórmulas que se acogen a la propia moral, pues moral y conciencia, no tienen que ir unidas, aunque pueden coexistir dentro de un mismo argumento….
Espera, aguanta  un momento,  dime. Dime,por qué veneras hasta el último juicio de tus actos.
Podríamos mantener un diálogo creciente con nuestra conciencia. A lo mejor, nos diría muchas cosas.
Fumar un cigarrillo, beber una copa mientras esperamos, mientras ayunamos. Desprotegiéndonos de nuestra mansedumbre.El ser humano es manso. Manso cuando no le acecha ningún peligro, ninguna cuestión que trascienda a sus propias manos. Espera. A veces ni eso, actúa por impulso, por una certeza, motivado por una pregunta…. los estímulos y sus respuestas pueden ser infinito; plantearse miles de respuestas ante una misma pregunta. Una impronta salvedad, decir o hacer en función de lo que  nos dicte.
Yo razono las razones por las que algo es justo o injusto, razonar, es meditar, argumentar, sin embargo  emite un juicio de valor, algo que esta mal o bien¿Qué es aquello que nos hace decir si algo esta mal o bien?
Eso mismo pregunto,a la Señora a la maestra suprema.¿La conoces? se llama conciencia.

 Extraño poder, un poder magnético que no entra en los sueños, permanece en la objetividad. Habla cuando el oro es blanco o negro;  no escupe medias verdades, ni falsas mentiras; solo el color del aceie usado.

Aquella, que cuestiona la moral como si se tratara de una subasta: otorga precios y modelos al único postor, el de la verdad.
Creo que llega un momento, en el que no se que es la conciencia, ni la moral, ni la razón. 
“Entra”- solté como un barrido dentro de mí- “acúestate en este lecho, sedúceme con el licor de la indiferencia, duele menos las evidencias y no soy tan consciente de mis propios errores, de mis demonios, creo que así soy ni consciente de que  existo”.



EL AYUNO DE LOS DIOSES
CAMINO FRONTERIZO
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