7. SOMBRAS DE MI PROPIA CAVERNA

 ¿Quien  determina la belleza? los sentidos.¿Es  real¿? es ilusion?¿es manipulable? ¿es creible?Es una alucinación del ser consciente. Todo es moldeable porque la belleza es un concepto abstracto que solo vive en la mente de la que la provoca no solo en el propio autor. Es volátil ausente, no tiene dueño, no tiene esclavo, no tiene decoro, no tiene naturaleza.
La naturaleza de la belleza existe en la propia naturaleza del creador como de lo creado, tanto en el bién como en el mal, tanto en la vida como en la muerte. Como en el dolor.
El dolor es parte del alma y tiene su belleza igual que la luz, igual que la sonrisa.Acompañar al hombre en esa doble vertiente nos hace mas humanos y reales.
¿Por qué huimos del dolor? El dolor es vida. Un peso muerto no siente ni padece, no es nada. Nos acostumbramos a vivir con la alegría, el bienestar y tenemos un miedo horroso al dolor. No sabemos convivir con el o al menos, malvivimos con la inconsistencia de tener que invitarlo a comer de nuestro propio instinto,  de nuestras sobras, de nuestras reliquias. 


Se ha cantado tanto al dolor y al sufrimiento en poesía, en música, en la literatura. Reflejamos esa belleza y la elevamos a lo mas sublime de la existencia. Pero si se trata de catapultar nuestros sentimientos,  los propios fijos a las miradas indiscretas lo enterramos en la falsa imagen de la indiferencia, del autoengaño.
Pues mi lado oscuro lo quiero, lo deseo, lo intuyo, lo espero. Lo necesito; así podré buscar la luz con más esmero. Yo lo controlo. No me esclaviza porque entonces no es dolor es sufrimiento, es aberración. 


Oigo sus pasos a traves del silencio, a traves de la vida, cuando penetro en las sombras. 
Callamos delante de los demás, pero no es sordo a nosotros mismos. Entonces nos agarra con una mano a veces la de la mediocridad, a veces la de la soledad y otras la del abandono.


El dolor físico es mucho más fugaz que el psíquico. Ese permanece cortando la sangre y la piel. El otro desaparece con el tiempo, pero la marca de la indolencia queda reflejada en la piel que no se ve. La del alma. La espada que cruza en el aire sollozos y sonidos agudos invisbles a la vista y al oido. Pero sensibles  al tacto. Ese tacto que bebemos día a día, segundo a segundo, invitandonos a rasgar las vestiduras y esbozar esa sonrisa de tristeza mientras el mundo gira y sigue girando….y seguimos sonriéndole.







La belleza del cinismo que atesora es proporcional  al grado de desgaste que genera, de ahí el valor en oro que supone el lado oscuro. Mucho más que el lado de la propia luz.




Yo siempre cante y sonreí mejor a ese lado la de las sombras de mi propia caverna, porque creo que fuí más feliz que en el lado de la luz, por el simple hecho de que la oscuridad no me engaña se presenta tal como es, desnuda y creible, mientras que la otra usa el disfraz de la falsa modestia y rechina, como los ojos brillantes ciegos de la codicia, envolviendo en oro todo lo que toca, embalsamando un disfraz que se derrite con el rayo de la realidad.



 Canté mejor el dolor, es cierto, quizás ahora no tenga salida, se ha vuelto inocuo a mi propia saliva. Se ha vuelto raíz cuadrada de un aforismo sin recursos, sin pena que labrar. Porque el dolor cuando la pena  que lo envuelve se va, queda acolchada, borracha, una tarima flotante de la propia conciencia.  Entonces ya no hay dolor, las brasas de una belleza que como digo resulta atractiva. Como cuando posas los labios en la copa acaramelada del licor salvaje que corre por tu garganta como un axioma, una operación aritmética del propio sabor rancio que deja tras de sí la batalla.
Estoy cansada de las batallas cruciales de la existencia, a veces me rio de su sarcasmo.Es como una piedra angular, en el retiro de una palabra, en el pozo cruel de la propia rutina. Esa rutina que a veces me gusta, me seduce por la propia belleza que tiene; es cierto, no me canso de repetir, de labrar, de ajusticiar.

Soy juez y ajusticiada, soy ruindad y a la vez un canto de esperanza, soy belleza y a veces oscuridad. Soy el maquillaje de mi propia máscara; ni siquieran dan cuenta de lo que esconde debajo de esa piedra caliza, de la que la dama me envuelve, ni siquiera se percatan de lo que hablo…dime: 

¿te percatas tu? ¿descubres? ¿haces descubrir? ¿intuyes? ¿te intuyen? 
No lo creo. Cabalgamos tan deprisa en el horizonte del dia incapaces de susurrar al que tenemos en frente lo que ocurre…Alejamos de nosotros la prudencia, la valentía y simplemente coexistimos con los otros dejando a un lado todo aquello que nos puede doler o matar. Por miedo.

 Acostumbrémonos a tener una balanza entre ambos mundos, no galopemos en los extremos de uno ni de otro, necesitamos las dos caras de una moneda para bien o para mal.



EL AYUNO DE LOS DIOSES
CAMINO FRONTERIZO


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