9. FEED-BACK

La vida es aprender, nunca terminamos de aprender. Quizás tambien sea el momento de enseñar, enseñar a tener un ritmo marcado en nuestras objeciones, en nuestros pensamientos; enseñar lo que no es enseñable a traves de la vista, o traves de los ojos…
Enseñar… palabra que no sabemos a veces, utilizar, pero dice, mucho más que una simple definición, de una simple llamada de atención a nuestro retiro clandestino, en que a veces asola la vida.


No quiero aprender. Cuesta mucho y cada vez mas conforme tienes más edad.
Prefiero enseñar. Pero, ¿enseñar qué? ¿cómo? Mi ego es tan fuerte que pretendo llegar a tan alto estado. Si otros son capaces de decir yo soy, yo sé, aqui estoy, aqui soy.,….Pues yo digo yo enseño, yo tambien sé. Yo soy. No escondo la salvedad de mi propio concepto. Otros se esconden en nombres, falsedades, hipócritas servidores del verbo saber. 
 Saber es aprender, aprender a decir, aprender  a demorar, a tener prudencia, aprender el correcto funcionamiento de la semántica…Del discurso. Pero un discurso interno, de nuestro propio saber.


El saber. Bonita palabra. Quien es el que sabe más de lo que calla. O de lo que figura. Veo que nadie se plantea la palabra. Aquella que por nuestros actos nos define. Pocos. Pequeños rictus.


Si volviéramos atrás en el tiempo…. Pulir aquello que nos dejamos, que dejamos escapar y ahora anhelamos, aquella época sabia donde todo era descubrir, aprender pero tambien se enseñaba: mostrar sin delgadez lo que somos, lo que mostrabamos sin pudor hasta que lo revestimos de la sagrada forma del deber, y de la normalidad impuesta. Hasta entonces éramos libres de nosotros mismos, hasta que llegamos al punto de ser aquello que otros quieren.  Ahí aprendemos….des-aprendemos.


Entonces aprendimos a silenciar. Silenciar  la desnudez, el fragmento, la imperfección. Es un camino de revoluciones, como caminar hacia atrás, hacia el tunel del pasado. No perdimos nada de lo que éramos, solo aprendimos a esquivarlo con la llamada educación. No olvidemos que la educación es la propia arma de la sociedad para subsistir, para perpetuar su propia especie, la especie que dicta e impone leyes de compromiso, de saber vivir, o de tener que ser o estar por  narices.Detrás de logos  y principios de retoques y de cortesía exagerada, tenemos la verdad en sí de toda enseñanza-aprendizaje: modelar, tallar, convertir al ser humano en lo que dicte la demagogia de otros.


El deber de enseñar, eso es lo que creo, de razonar, de mostrar, abrir, descubrir. No somos niños para empezar de cero, pero somos capaces de despertar la conciencia dormida, la razón violada, la posibilidad de discernir. Me canso de deslizarme por el dia a dia y ver caras mediocres que no me dicen nada, que no saben a nada. Me hundo en la rutina de ser y vivir para hacer o sobrevivir. Creemos ser más que nadie, más sabios, más listos, más especímenes de no saber nada y de galopar por las puertas de la mentira y de la falsedad, o de la ceguera, como un requiem marcado de nuestra propia insensibilidad. Solo a veces, llega esa brisa de alguien que enseña, que muestra sus manos abiertamente. Las palmas de las manos es algo que me encanta observar. Traza lineas suaves o discordantes, malformadas o perfectas. Esa es la vida, la verdadera, la que sufre, quema, grita o ahuyenta. En definitiva, enseña. Nutre, habla……Experiencia que no se queda en nada. Ni en simples palabras.



Palabras, que a veces son muy cortas, prefiero el silencio de quien avanza. De quien mira, de quien llora, de quien me abraza. El abanico de posibilidades y realidades se abre mucho más allá que la simple palabra. Me gusta saborear las palabras de quien las dice desde fuera. Muestra otra dimensión. Otra puerta, un eslabón que me incita a pensar. La palabrería barata es como un huracán. Demasiado atronante para mis oidos. Demasiado dulzón para mi paladar. Luego, me llevara horas tener que quitármelo. Sacudir el tedio como la mancha de grasa que es imposible arrancar de la piel de quien la escupe. Me cansa.  
Hay que aprender, pero no olvidemos enseñar a ser portadores de las propias palabras solo así sabremos usarlas realmente para un fin concreto. Pero portadores, no egocéntricos de ellas mismas.
Hay quien usa las palabras como un castillo de naipes que va a echar faroles en su propio tejado, pero no sabe, que como todo, se pilla la partida y el juego, hasta que tarde o temprano pierde. Otros utilizan las palabras para sustituir. Sustituyen, distorsionan, diseccionan en un corrompido análisis que no tiene fondo, ni cura. No es nada. O si quizás sí lo es.
Entonces no podremos ni tan siquiera ser objetivos. Enseñamos unas circunstancias que normalmente huimos de ellas, por contra, olvidamos que lo mas sencillo no es lo que muestran los ojos, si no lo que percibimos a traves de ellos.


A pesar de todo, busquemos las señales que nos lleven al conocimiento exacto, puede ser utópico.Pero toda utopía, no se sabe si tan siquiera lo es, si al menos no lo intentamos. Y no suelo creer en utopías, creo en posibilidades y en proyectos que puedan llevarse a la práctica con el mínimo esfuerzo de leerlos dentro de nosotros. Entonces la utopía puede convertirse en realidad o a lo mejor quedarse en mera posibilidad, no lo sé, hasta que la certeza dicte su apremio, o su páramo. Lo demás es vanalidad, pura teoría barata que no se enriquece por sí misma, si no es con el gesto de los demás.
El vaso puede estar medio vacío….pero también medio lleno.Puedo tirar lo que quede o beberlo…AHÍ ESTÁ EL NUCLEO DE LA ENSEÑANZA posibilitar las decisiones del ser humano para llegar a conclusiones verdaderas:la acción de no quedarse en el intento o esperando que otros lleguen. 






Enseñar sin saber que estas enseñando, dictando sin taquigrafía que marcar, amar sin saber que estas amando, pues el hecho de cada momento o de cada situación sale espontaneamente cuando lo dejamos en manos de nuestros propios sentimientos. A la vez aprendemos, a amarrar la vida que nos cargamos cuando olvidamos que todo proceso conlleva una guía práctica de retroalimentación.


 ¿No os dais cuenta? El camino fronterizo no existiría en este último caso. Porque atravesamos la propia frontera de nosotros mismos. Y nos abrimos al mundo que es  donde nos hacemos y nos convertimos en lo que somos. Somos  en la medida que nos dejan,ayudemos siendo nosotros mismos a que otros sean ellos también.


Terminar con ese camino, esa frontera esta cerca, estará cerca  cuando no lo hagamos un laberinto insalvable de la propia lógica, ni una zarza que rasgue el pensamiento de quienes nos amotinamos en contra de los deseos de los demás, intentando ser algo tan sencillo como ser uno mismo. 






EL AYUNO DE LOS DIOSES
CAMINO FRONTERIZO
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