OLOR

Esta mañana sentí el olor de la tierra húmeda. No sé exactamente, si implorar una llamada de atención a mi propio cerebro, que maquina estupideces.
Quizás podría hacer un canto inexplorable a la falsedad impropia de mi naturaleza.
Ultimamente no hago muchas formas de acallar lo mustio.
Me gusta que se relame. Puede que sea porque nunca fuí lo suficientemente valiente. Y me descargué de melancolía de vez en cuando.
Inventé metas absurdas que deje inconclusas. Como el capítulo de mi mediocridad.
Dejé de percibirme. Y ahora de repente en ese clic que atraviesa la cabeza me dí cuenta, que he tardado en dejar de nadar en la corriente de alguien.

Ese alguien…

 Pero me enfrento en un bis a bis con mi contracorriente. Esa, que se rie de mis propia contradicción. Ambas son perfectas armonías de voz bajo una misma roca caliza.
La llevo en la sangre.
Definitivamente, no sé mañana dónde me voy a encontrar, ni me importa mucho.
Hoy no me importa realmente nada.
Me importa …no, no me importa. En serio hoy me voy a convertir en otra cosa, cuando gane el que viene entonces  sumergiré mi cabeza en el lodo y gritaré sin voz que me oiga  no sé que Dios que habita en mí.
No quiero  enfadar a mi Dios. Solo quiero que me escuche en silencio hasta que el desenlace llegue.
Es que creo que nunca llegué a existir hasta hoy.
Interesante pregunta sobre como cuando dejamos de existir o cuando comenzamos a hacerlo.
Realmente estoy harta de teorías que saben a podrido.

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