STRIKE

Ya llegue al límite. Ese limite que puebla la conciencia. No tengo ganas de seguir mariposeando las hojas amarillas de mi libro. De mi novela. Estoy…. al límite.
Las decisiones que tomo se balancean en un acordeón, pero nadie  percibe lo que mi lunar esta gritando.
Nadie percibe la necesidad que tengo de ahogar el vaso de la memoria que me aplasta como un gusano. Será la poca costumbre de pedir ayuda, de pedir una mano, porque se piensa que las manos se agitan en el espacio ante una musaraña de mimbre.
Incrédula.
Dos semanas casi creyendo una masedumbre que nunca existió, que mi cáliz amargo es mío  y que nadie quiere saborearlo a voluntad plena.
Qué bonito ser algo cuando en realidad no eres nada, cuando llega el momento de explicar tu propia desidia, todo el mundo tira balones fuera en el que acaramelar las idas, los sentimientos, las virtudes.
Pero la culpa es de uno. Uno, que se agita en si mismo tratando de tirar palante cuando en realidad no tiene fuerzas para eso. Tira de todos y de nadie, tira de si mismo, pero sin nadie, tira del otro cuando quiere, no tira cuando se convierte en oscuridad y tinieblas.

No quiero irme nada más que al silencio. Como rasgar una dama y arrancarle la vida.
Me han arrancado la plenitud de una dama, y ya no queda la coraza. NO QUEDA NADA
Ha llegado el momento de que dama y yo seamos una.
Ayer cociné un mármol para que iluminara mi cara en el resplandor de la mañana. Para que en la noche saliera al rincón nebulosa y pintara un esbozo de voz. Una sonrisa de fantasía que trazara la noche.
Me he quedado sin voz, la que tuve en otro tiempo.
Me parece que voy a invitarme al silencio.

Dama ya duerme, sueña espejos remotos de ilusión que ahora yace en el fondo de su regazo petrificado.
Y este ruido, infernal dentro de mí, me aclara una conversación sin mucha fluidez. Necesitamos andar en guerra para buscar la victoria. Siento que toda mi vida ha sido una guerra. Ya busco firmar la tregua , estoy muy inerte como galopar en las puertas del infierno bajo una marea de cristal.
El filo araña, tengo toda la vida arañada dentro de mi.  Tengo el cuerpo sin saliva con un ahogo estertóreo que se agita como una convulsión en medio de la fiebre.
Tengo fiebre de 45 maneras en las que ya no padezco solo los golpes de una palabra.
No necesito decirla, el signifcado es una metáfora imposible de mieles que se me han ido.

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