Némesis

Estoy cómoda. Como nunca llegué a sospechar.
Tengo la migraña pasándome factura pero aun asi me deja fijar la vista en mis palabras.
Palabras que no saben a moho, no saben a soledad, que no le dan al RESET de ese chip de mi cabeza.
Estoy en una linea divisoria de mi propia certeza.
No tengo incertidumbre, tampoco la luciérnaga que ha encendido esa idea imaginaria que resulto estupenda, magnífica.
Cada día prefiero hacerme menos presente; a un pasado perfecto de un léxico que empieza a graduarse en mi cabeza.
Qué distinto es todo desde hace tiempo.
Distinto  y semejante a  la lluvia que despide heridas que van calmándose como las llagas.
Incluso Dios me asiente la cabeza. Nunca estuve tan cerca de El, y tan lejos de lo cotidiano.
ESTOY.
Es más de lo que puedo añadir.
Más de lo que podrias esperar.
He aprendido a traspasar el umbral del silencio como el galope de una ensenada.
Todo se convierte en indiferente, porque la indiferencia me enseñó a cerrar con la niebla las manos del tacto.
No hay perturbación porque la mate de un soplido. Ceniza que se forman en el viento con la marea de mi propia desidia.
Continuemos.
La culpabilidad es un síntoma de debilidad. No debemos acoplarnos a ella como la excusa de nuestros actos. La culpabilidad incide un conjunto de factores, de hechos consumados.
Pero,¿qué ocurre si esos hechos no son consumados? ¿son el consumo de los otros? ¿El agravio comparativo de nuestro radio de acción?
Me creí culpable antes de dictar un ensayo a la estupidez.
Me creí mejor que nadie.
Y esos “nadie” casi terminan en nada.
No  acabaron porque me rebelé antes de emitir sentencia.
Cumplí sentencia antes de ser acusada, pagué la condena antes de fijar la fianza.
Ilusos, vosotros no emitireis juicios porque simplemente no teneis existencia nada más que para el olvido.

La raiz de muchos comportamientos incide en la culpabilidad que uno sienta antes determinados hechos y que esos hechos a veces no son consecuencia de nuestros actos. Puede deberse a una ley de probabilidades.
 Puedes sentirte culpable porque no te perdonas a ti mismo. Si no te perdonas te sentiras culpable toda la vida de ese sentimiento, y serás una marioneta de la manipulación de los demás.

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