LIBERO

Mi libertad personal no es cuestionable, nadie tiene el derecho de pisotearla ni siquiera para moldearla por conveniencia de los demás.
¿Donde existe esa libertad individual? ¿En los folletos de autoayuda? ¿En los maniquíes psicoanalistas del interior de mi propia imbecilidad?
Hoy me llené de palabras,no estoy segura de llamarlas huecas, de llamarlas vacías. Pues el vacío lo otorga el significado concreto que uno le quiera dar. Lo otorga lo negro que uno esté de su propia existencia, o de su propio dia a dia.

Cada vez que gritamos es una llamada de atención a los demás. A nosotros mismos, hacia la “era” de nuestro yo. Esa era que queda desierta cuando nos quedamos al filo del propio dolor, de la incertidumbre; cuando no comprendemos nada de lo que nos ocurre, o cuando no sabemos en qué momento los otros se convierten en momias petrificadas insolentes de nuestras disputas. 
Siempre tenemos varios “yo” en nosotros, el que queremos o soñamos ser, el que nos obligan a ser y el que mostramos,
ninguno define realmente qué somos o quienes somos, solamente hay un pequeño atisbo de nuestra verdadera definición en determinados momentos, el resto del tiempo, casi en su totalidad fingimos ser.

Qué hacer con mi libertad que me pide a gritos que salte, que me vaya fuera que sea yo misma, cuando hay todo un universo que conspira hacia lo contrario. Pues nada. A veces y es lo que ahora intento. Quedarme en el silencio. En lo absoluto de la nada de un punto suspensivo que no espera a que me haga un paréntesis, solo escuchar la NADA.

 Ahí es donde mi libertad y yo nos fundimos en un solo cuerpo y donde nadie es capaz de entrar a molestar con falsas retaílas de indigencia que solo invita  a pudrirme en la mediocridad.

Estoy segura que hasta hace poco, mi vida era muy mediocre, dependia de los demás para respirar, para comer, hablar, amar, vivir….Esa autoflagelación social que me imponía porque pensaba que era la única manera de estar en el mundo. Pero,  descubierta que hay miles de maneras de estar en el mundo que no es bajo la complacencia o no de los demás; ahora tengo otro anhelo  mucho más interesante, vivir en mi soledad, no en la soledad, en MI soledad, de mi vida, de mi alma, de todo un cúmulo de deseos, de sueños de fantasías que son mías y de ningun otro mortal engreído y estúpido, de otros seres insolentes o de otras almas que con todos mis respetos quieran asomarse a mi balcón y conocer.
Ahora mismo, visto lo visto, me importa bien poco. 
Amo mi libertad individual, aquella que se divorció de mí; pensaba que era mejor acostarse con la benificencia de los demás cuando me han demostrado que nadie es mas  benigno que  con uno mismo, la propia misericordia que tú te otorgues a tus propios demonios o a tus deseos o sentimientos. Da igual llamarla. 

Anhelo una vida para mí, anhelo no la vida hacia los demás, ni  una vida para mis hijas,
No soporto la idea de vivir para-…..o vivir por…..o vivir con resignación. Construyo mi vida para ofrecerla. Eso es diferente. Ofrecer es como un regalo que presentas ante alguien o una circunstancia que te apetece hacer por el simple hecho de sentirlo. Otra muy diferente es vivir la vida de otros, o vivir conforme a sus circunstancias, o vivir según su parabién.

Dejemos a la mierda que rebolotee a nuestro alrededor, pero evita que te salpique y si ocurre,  con todas tus fuerzas hazte una cura urgente  y pregúntale a tu  libertad individual, esa que algunos pretenden momificar, encasillar, destruir o reirse sin gracia; que pretenden convencerte de que no existe, pregúntale si necesita ayuda o una copa donde emborrachar la realidad. Creo que es mejor ser un hijo puta obligado por las circuntancias que un cabrón condescendiente. Los primeros se defienden, los segundos  son rameras que secuestran los sentimientos ajenos y los hace añicos, con solo estrujar la dignidad de cualquier ser humano.
¿La dignidad es respuesta a la propia libertad individual?
¿Son palos de la misma baraja? Sin duda. El que respeta su propia libertad, esta siendo condescendiente con su propia dignidad. Pues la dignidad de uno mismo no tiene razón de ser si no es respetando su propia condición de vivir, aquella que otorga el simple hecho de ser libre, por encima de los demás y de cualquier circunstancia.

 




 



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