ARDOR.

A qué sabe el ardor. A nada más genuino que a la derrota.
He llegado a una conclusión en el borde de un parámetro, en la boquilla de un cigarro que sabe a un no se qué de vergüenza. Cada momento desfallezco como una crisálida en la memoria.
Seguiré abriendo la nostalgia para sacarle el efluvio. Ese que lisonjea a una flor en medio del
acantilado.
Era una niña. Aturdida.
Era algo que ya no es lo semejante a una fantasía en medio de una carrera.
Tirar del pañuelo es como suplir al viento. Encoger hasta morir.
Y digo en un paladar….hasta dónde llegarán los sueños……
Inexplicablemente suelto un vacío en una copa semejante a una lágrima.
Entonces me vuelvo a dormir en la espesura…

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