ROTOS

Rotos.
En las aceras, como los pasos abiertos.
Regresaba con el tumor en los huesos de la noche,
el atardecer de unas bombillas haciendo fuerza en las sienes. Incuestionables.
Y conseguí meterme en las callejuelas, en las aceras, y me oía el eco en un traqueteo
entre las sombras y las farolas.
Taciturna, como los poemas que se me olvidan escribir.
El anochecer pintaba ecuestre y lascivo.
Soy promiscua, en mis sentimientos, y en el orden de los factores, no alteran el producto 
resultante de mi propia codicia.
Los rotos siempre fueron mayores, nunca cosustanciales como el verbo matar.

Y recorría un escalofrío en la espalda de mi costado,
en las mieles de los recuerdos y las nostalgias,
 me invitaba a no existir, 
a no matar, a no doler, a no amar.
Amar…amar….insensible como las escamas y ¿entonces?dejáme morir al amparo de los páramos,
allí la dama se encuentra solícita para violar los pactos y los modos encantados, los que no se oyen. ¡Qué ensoñación tan inerte, tan vacía!
Tan grosera de haberte visto.
No morir mañana y no despertar, no quiero gambas de champán en mi sillón.

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