SOPOR

Tardé como el crisol. Como la media luna menguante.  Como las almenas de los castillos, los posos del café helado sin restos donde procrear.
Saludé cuando recordé tu nombre en el movil silencioso de la ruina, sin despegar los versos que callo por el polen que tergiversa el desencanto.

Insistí, como los niños, los besos, los abrazos, los martillos salpicando los golpes en la cabeza de mi pobre deseo.
 Volví. Volví y comí de la fruta que Eva se acostumbraba a dirigirme cuando el favor despeinaba el silencio de contradecirme.
 Tropecé, como los absurdos,  los abolengos, la casa sin tejado, los novios que no fornican, los desaires de las auroras.
 Trasnoché como el ciervo, el loco de la colina desquitando el fervor y la Fe de la mansedumbre.

El agujero es un pordiosero de púlpito y laringe y yo… me destierro en un banco, en un tesoro sin agua, ni corteza o flores…desde mi alcoba.

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