CARNE

He abierto en canal mis íntimos aposentos.
Mis intimas mordeduras a las cinturas
que poseen las flores marchitas de otros rellanos
ante la incoherencia de subsanar lo que por naturaleza, me otorgaron las meigas.
Placer, placer de ahondar en otros augurios,
en otros equidistantes momentos…en otras esfinges, en otras selvas.
Me falta ese algo que antepone los minutos a los efluvios, a la condensación de palabras que palpitan entremezclando sabores.
Mentiras arriesgadas. Hurtos del semblante.
El besamanos, perfume maquiavélico
de las hordas condenatorias de los convenios malheridos. 
Entonces me desabroché veinte  botones entre veinte maneras de condenar una proliferación de mansedumbre que como amante, no estoy dispuesta a esclarecer entre los edificios colindantes
a mi eterna figura. 
Quedarse  muerta de frío entre la cintura, mientras arrodillada, sentaba las bases de doblegarme ante tu apetito.

 

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