MALAS HIERBAS

He dibujado palabras en mi boca. No supe decirte
cuánto bocetos hice bajo tus pies.
Ahora cala la almohada un recipiente gris entre la soledad
y la bajeza.
Malas hierbas en el surco que te di,
cortando la raíz de un suspiro, entre poemas rotos
que ningún lugar quiere dejar pintado en la piedra.
Y ahora navego entre discos solares que relamen la angustia de decir
o de desquiciar el sonido del viento, sonando un derrumbe en mis labios que operan
los bisturís y se anidan como cigüeñas.

Sigo dibujando palabras en la arena, en la hierba, en el balcón, en el quicio de la puerta,
en las esquinas, en los cupidos sin flecha o flecha rota de un águila herida.
Y siempre suena la canción que nunca debió anidar en mi cuerpo, o en el tuyo.
Despega las alas para decir adiós, o cometer el adulterio de no ser capaz,
de pronunciar la palabra que frente a frente no somos capaces de pintar con la mano de un niño que suelta vergüenza y temor.
He dibujado la palabra que no comienza con el final, y termina con un principio.

Malas hierbas fundidas en el disparo a quemarropa. Muertas en el tiempo

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