XXIV

 

El opio come

al hombre.

El mismo virus que avanza

comiendo hasta la muerte.

Se lleva las playas con hambre

de hombres.

Se trae el hambre de la demagogia en

los carteles.

Se trae el hambre de la tormenta

de los pisapapeles.

Odio el opio, agita golpes y   culebras.

La misma hambre que rompe la frontera

con una vara en los dientes.

El hambre de los ojos cansados por el frío.

El hambre existe.

El hambre aprieta.

La hambruna mata.

Los vicios que provoca el micro.

El poder que deja la gula

en los sermones.

Los estercoleros.

El billete que compra a las putas, cuando compra la propia ironía.

El hambre del tedio.

El hambre del cajero y las luces de los coches.

Odio la palabra insensato, el chiste feroz

de caperucita tomando el pelo al lobo.

Creo que era al revés o es el lobo

un transexual  obligado aceptar el papel de sapo.

A veces es imposible entender el hambre.

O es el virus que provoca el hambre.

OPIO.

Yo…tengo hambre.

 

Solo hay hambre…

 

OPO

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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