R.I.P

 

Corona de espinas entre las flores.

Corona larga que se atusa los bolsillos

mientras el mundo gasea

la esperanza de ser futuro.

Corona en el féretro del padre maldito,

ataúd de la vida que limita con el sueño.

Hay sueños que recogen los dedos viejos

entablillados de pena.

A veces la pena es una taza de café  amargo.

Amargo como el día que se convierte en noche,

o sombra, o caja de música,

lucero muerto,

una calle empedrada de invierno.

Y yo me leo la publicidad de los buzones,

miro la puerta del vecino,

y sigue todo como estaba ayer antes de dormirme,

o incluso antes de salir por la puerta.

Antes de que el semáforo se ponga en ámbar.

siluet.

 

 

 

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