FÓSILES

Cuantas veces en la noche tendré que morder la morfina que tiene doblegándome la sangre.

En esta fría soledad que dibuja el sueño, la inercia es un mal sabor en la conciencia.

Siento esa sensación de quedarte  sin manantiales que inviten a escribir un teorema o varias clases magistrales de como perseguir los demonios.

Así la casa se me viene encima, se me viene cruel,  miles de pensamientos dibujados en mis manos, o en el cuento.

Afuera hay una calle. Los peldaños   me muestran como un resto que no tiene ecuación o se lo hemos quitado a razón de la venta de nuestros pasos.

Todo empieza a ser cansino, cruel,  desproporcionado. Debería aprender a desligarme de cualquier peso. Pero el peso es  el pago que hay que hacer por querer ser libre o al menos, ser libre  entre un millón de necesidades,  convertidas en formol, en fósiles malditos como mi propia estampa.

 

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