MIRO

Ahora miro, miro la foto,
miro la puerta, miro si suena una
respiración entrecortada
en la habitación de una niña.
Miro, miro.
La mirilla.
Miro el salón con las paredes
incautas esperando quedarse con todos los secretos.
Miro, fijamente el monitor,
mirándolo como una posesa esperando saltar la liebre,
o es el descaro nervioso que aflige mi garganta.
En esa garganta donde se bloquean los versos, y los espasmos, y las pilas Duracel de las maniobras, esas que busco intentando desmentir tanto merecimiento , o tanto abrojo,
tanta…tanta respiración maquiavélica en las noches de agosto. 

Y sonrío.

Se me había olvidado, dejar el carmín encima del lavabo, ahora es un lápiz caprichoso de todos los ángulos certeros.

Guillermo Tell es un novato al lado de la rapidez con que un dardo es capaz de convertir la placidez en una mosca cojonera que todo lo persigue, lo mata, lo arrincona y lo ahoga.

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