DE TODOS LOS DEMONIOS

Nosotros,
de todos los demonios,
de todas las posibles miserias.
Nosotros, que pintamos el color negro
en el sol.
Nosotros
que abogamos por la libertad,
y somos un demonio
con la cadena de la bicicleta
anudada al cuello.
Nosotros que decimos que somos el presente,
cuando en realidad vivimos en todos los pasados
ausentes,
y en toda la pobreza del futuro.
Nosotros, que apartamos al necio
convertido en sabio,
y al sabio convertido en oro negro,
otra vez negro,
otra vez oscuro,
otra vez necio, otra vez demonio.
Otra vez…
La gravilla se nos va por la noche,
cuando dormimos,
entonces, nosotros,
tristemente nosotros,
de todos nuestros demonios,
reposamos con la navaja,
que debe ser el presente de todos
los inciertos.
I.REZMO

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OPIO

Te escribiré en esta hora plausible de propósitos. Cuando la marea baje, o el reloj marque las diez en punto.

Puede que hasta tenga el valor de pensarte durante varios minutos de esas centésimas que van comprimiendo el alma en los despachos de las maneras.

Tengo todo el abecedario desde la z hasta tu nombre en siglas de incertidumbre, que intentan pavorosamente esconderse en el juego de los faroles, cuando las cartas no marcan ningún full o trébol donde agarrarse.

Tenía que nombrarte entre dos verbos que no es el de amar, ni querer.

Estoy indecisa:  pavonear, el olvidar o el deshojar de la margarita; mientras clavaré los ojos en los comentarios que me hago una y otra vez, como los clavos, metiendo uno a otro, y otro al uno, al dos o al tres en raya cuando rompiendo todos los esquemas, admito.

He cerrado la tráquea, la saliva es insoluble al eco de tus gestos.

 

 

 

PERDURA

 

Perdura la tierra que carece de tiempo,
el arco iris en la tormenta,
la sonrisa cuando te has ido,
los posos del café agujereado
en el fondo del armario.

Perdura la escasez,
la hierba se ha ido con la lluvia,
el siniestro teorema de tu partida.
Perdura la caja de rotuladores vacía
cuando el quiebro se ha acabado.
Los folios manchados de las razones que no dijimos.
La opciones que no llegaste a realizar.
Perdura hasta el amor que aun sigue latiendo,
a pesar de decir que jamás dirías,
que antes de considerar que sigues amando,
es mejor disimular que nada fue suficiente
para los dos.

Quédate…

Ese aire, ese término de tu boca,  ese sincero pálpito que obliga a desnudarte.

Ese tesón como el tiempo.

A veces quisiera tocarte, quisiera tenerte aquí. No desvanecer el suave murmullo

de la piel. Decir basta, decir lo que quiero decirte.

Ese aire,  ese anhelo entre el ocaso. Ese tintineo que grita,

y no puedo callarlo,

No puedo sentir que el aire es tuyo.

Es imposible acomodarlo, es siniestra arrogancia, y yo mientras estoy pereciendo

entre bocados de apariencia, por no ser la aurora que grita:

¡Quédate! ¡Quédate!

Aquí…

NANA

No existe el caos esta noche.
Hay en la tiniebla una luz que se queda esperando al poderoso disco solar.
El alba,ya pega en esta hora queriendo hacerse presente.
No existe la más mínima molécula que me dicte un solo poso
de café en mis entrañas.
La cobardía se fue tras la tormenta.
Quisiera asomarme al acantilado.
Dejar mis pies reposar en el aire,
en el cielo,
en el susurro que huye como verbo encendido,
de piel encendida por tu roce.
Mañana.
Mañana estaré esperándote,
atando las horas para que te devuelva a mi espacio vital.
El que reposa en un suspiro,
si alzo tu nombre.
Si me atrevo a despedir la noche con un grito.
Te elevas, hasta ponerte frente a mi.
Y dejar que me cantes al oído,
hasta que por fin duerma…

CONSUMACIÓN

He iniciado un tremendo viaje.

He descubierto en esta hora  un pequeño cometa, inquieto, profundo, decidido. Algo que estremece los andares. La curvatura de un cuerpo, a la deriva de un oasis.

Mágico es sentir en este apacible momento que la sequía casi se ha llevado el terrible incendio.

A veces cuesta dilucidar el detalle que se queda en una pared.

El árbol de la vida floreciendo en el jardín prohibido.

El salitre que marca la madrugada , luego convertida en andén.

Mi sinfonía.

Olvidaba decir, que hablo a  las huestes de una cebolla escarchada en noviembre.

Las sobras del día anterior, o posterior de la ganancia o la prudencia.

Se me olvida tanto…

Pro también se queda en este espejismo.

Nos vemos aquí. ¿Verdad? Nos vemos, o nos imaginamos un largo paseo. Nos vemos o imaginamos una victoria sobre una deshonra. Un tremendo secreto que se guarda a duras penas.

Cariño es así de sencillo. Como pronunciar distintas formas de decir el verbo perfecto.

Se me olvida.

¡Tanto, tanto!

Una calle de Florencia . Yo anhelaba su fiebre haciendo como que teníamos sexo.

El sexo es débil, no la carne, no la necesidad de penetrar dentro de otra forma parecida a la vida. Hay demasiadas almas terminadas en negro.

Mucho peor que ser una dama negra y su peculiar hermana blanca. Mucho peor que tener el cante de  dos monedas que se aman.

Yo me preguntaba si era posible.

Posible suspender el agrio manjar, los nenúfares que pintaba Monet. Los de talles de una acuarela, de un lienzo sencillo como tus ojos. Guinaldas, oijos de pez queriendo besar el labio, queriendo viajara mi entrepierna.

Me cercioré que no era una mentira, para no asustar al lobo de caperucita. El fantasma de hacer la gracia jugando a una videoconsola.

Las variables   son posibles.

Al final se paró el vídeo. El descaro no iba. La auto ayuda en forma de curso anual sin devolución del coste, solo un mero gracias por hacerme la vida como ella exige, sin control de alcoholemia, quitándome los puntos de supura que siguen escondidos dentro de la piel que termina de irse, tras el coito consumado…

isabelrezmo@gmail.com

MIRO

Ahora miro, miro la foto,
miro la puerta, miro si suena una
respiración entrecortada
en la habitación de una niña.
Miro, miro.
La mirilla.
Miro el salón con las paredes
incautas esperando quedarse con todos los secretos.
Miro, fijamente el monitor,
mirándolo como una posesa esperando saltar la liebre,
o es el descaro nervioso que aflige mi garganta.
En esa garganta donde se bloquean los versos, y los espasmos, y las pilas Duracel de las maniobras, esas que busco intentando desmentir tanto merecimiento , o tanto abrojo,
tanta…tanta respiración maquiavélica en las noches de agosto. 

Y sonrío.

Se me había olvidado, dejar el carmín encima del lavabo, ahora es un lápiz caprichoso de todos los ángulos certeros.

Guillermo Tell es un novato al lado de la rapidez con que un dardo es capaz de convertir la placidez en una mosca cojonera que todo lo persigue, lo mata, lo arrincona y lo ahoga.

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