MIRO

Ahora miro, miro la foto,
miro la puerta, miro si suena una
respiración entrecortada
en la habitación de una niña.
Miro, miro.
La mirilla.
Miro el salón con las paredes
incautas esperando quedarse con todos los secretos.
Miro, fijamente el monitor,
mirándolo como una posesa esperando saltar la liebre,
o es el descaro nervioso que aflige mi garganta.
En esa garganta donde se bloquean los versos, y los espasmos, y las pilas Duracel de las maniobras, esas que busco intentando desmentir tanto merecimiento , o tanto abrojo,
tanta…tanta respiración maquiavélica en las noches de agosto. 

Y sonrío.

Se me había olvidado, dejar el carmín encima del lavabo, ahora es un lápiz caprichoso de todos los ángulos certeros.

Guillermo Tell es un novato al lado de la rapidez con que un dardo es capaz de convertir la placidez en una mosca cojonera que todo lo persigue, lo mata, lo arrincona y lo ahoga.

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JULIO

Aquí desnuda.

Sin otro objeto del deseo,  rumiar la marquesina que se asoma a la deriva entre las tapias.

Aquí yace.

No sé si mi cuerpo, mi desvelo. La poca garantía o la mala salud, la mala cobardía.

Aquí entre mis manos, en este cuerpo,  se cae en la tesitura de comprender el orbe.

Pero si ni siquiera comprendo este calor improductivo que sella mi cuerpo como la ceniza de las brasas que se han ido fundiendo a medida que  cae este amor.

Otra vez vendrá el otoño, vendrá las hojas secas que rellenan los parques.

Te esperaré como siempre. En esta eternidad que sabe a tumba.

En esta oscuridad terrible.

En medio de los tumultos, la madrugada llega y quiero morir en ella,

una vez que dialogue con el extracto de unos labios que ya no son míos.

 

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NOCTÁMBULA

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Navegar entre un bosque, un silencio abierto en carnes.

Un viaje, desdoblamiento instintivo.  Fiebre, caminos de hierro, muerte. Presagios oscuros, hastío, incertidumbre.

Nacimiento último en brazos perpetuos.

Locura, cicatrices para una la loba que salta, una y otra vez entre el tiempo objetivo, el subjetivo, dejando el cuerpo desfallecido.

Criatura de la noche, hija del llanto, amor carnal placentero descerrajado por el espíritu de una salvaje heroína.

La arena pasa ante tus huellas indefinidas, frente a ti, como el amor deseado que no tiene término o primera vez.

Corres en la salvaje llanura como una palabra viviente huyendo del canto de una moneda; de la apariencia, tal vez de esa verdad que aúlla en su nido. Ella es tu trampa, tu cárcel, tu delirio, tu falsa encomienda.

De cuerpo a cuerpo,  la última gota  que rebasó el cristal de la impaciencia.

Bares nítidos de palabras, las calles rotas por el nombre de  neón  convertido en poesía.

A pie de calle entre las esquinas, el burdel que te ordena el sustantivo último, las caras que no te dicen nada, la tierra que vio tu apariencia primera antes de convertir tus garras en hija  pródiga.

Y al otro lado del  espejo  la cara real,   observa oblicua en el ángulo anverso, y tú lector, inmortalizando en un iris, el enigma de ser mujer-felina, la tinta sangrante, y el eterno silencio:

 

“La mujer que nunca fue y el hombre que no pudo nacer”.

 

 

 

 

 

HUMO

La carne no existe si no hablara.
Si su voz no se confundiera con sus manos.
Si sus piernas no fueran el camino de sus huellas.
Si su sexo no fuera el placer de su cintura.
Si una sola existencia no convirtiera
la eternidad en un flujo de su conciencia.
Inevitable es la no vida en una botella.
Mientras, destruimos la levedad del ser
en una continua compraventa.
Saludemos los años perdidos mientras
Creamos que nadie nos oye.

 

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I. II. III.

Avanza el verso en el interior de una luciérnaga. La luz se escapa  entre las ventanas. Mientras la tela no finge ser de araña. Las habitaciones, silencios cortados.

Mi otro yo tiene el poder en la mano, en la otra la paciencia.

 

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LA BESTIA

4:30

Desperté creyendo que un demonio me acechaba. Como un monstruo que bebe mi sangre; comer mis tendones, obligarme a irme entre un puñado de sombras, entre el aljibe y la fila de una celosía.

Tiene ojos de prostituta, orilla de un abismo.

Estoy esperando que sean las cinco, que la campana se los lleve. Judas besa el infierno. Dios acoge las uvas de la ira.

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STATUS

23:35

He llegado con un tumulto en el corazón. Dios quiere atraerme a su dominio. Los naranjos besaban el camino. Mi soledad se hacia más compañera. Son las 23:35 y apenas puedo cerrar los ojos.

Compadezco ante la vigilia y el sueño.

Mis labios están en par en par con el silencio.

 

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